¡VOTA, VOTA!

Breve comentario sobre la pantomima ciudadanista madrileña

 

Paseando por las calles de Madrid, nos volvemos a encontrar con el bombardeo político más insoportable. Es de hecho imposible que ningún habitante de la capital que haya salido una vez a la calle en las últimas dos semanas no se haya topado con la imagen que nos ordena votar. Y ni siquiera hace falta salir de casa, porque a cada persona mayor de edad le han mandado una carta a su buzón. Da igual donde mires, que en todas partes está: paradas de autobús, farolas atestadas de carteles, marquesinas, paneles político-publicitarios, medios de comunicación…

Como en otras ocasiones, con lo que nos encontramos es con la manipulación más vil, y su consecuencia, el atropello a la libertad de pensamiento, todo ello de la mano del ciudadanismo más rancio. Con la cantidad de recursos de que dispone el Ayuntamiento (provenientes en primer lugar del fisco que ahoga económicamente a la gente común) tiene la capacidad de inundar todas las calles con su publicidad política, obligando de manera indirecta (la más eficaz siempre) a la gente a tragarse su propaganda, sin discusión.

Entrando ligeramente en materia, que el título de la primera propuesta Madrid 100% sostenible, pueda tomarse en serio montando toda esta campaña, y que no tenga una respuesta en la calle (especialmente por colectivos y organizaciones ecologistas), ante tal atropello a la dignidad de los vecinos y vecinas de Madrid, da cuenta del urbanitismo verde generalizado en el que nos encontramos al tratar este tema. Todo ello es posible debido a la intensa campaña de manipulación que se viene llevando a cabo al respecto, especialmente a cargo de ecologistas y de la izquierda más reaccionaria, la que hoy ostenta una parte del poder municipal, que busca hacer tragar la idea de una “ciudad sostenible”, cuando lo que observamos son ciudades cada vez más monstruosas, no sólo en el aspecto ecológico. Varias preguntas se le vienen a uno a la cabeza. De la gente que se cree tal pantomima, ¿acaso alguien va a votar que no? No estamos ante ninguna dicotomía mínimamente seria, sino ante un engaño donde existen tres posturas, la indiferencia, la abstención consciente o el sí ciudadanista. Ante el sí, preguntamos, ¿por qué vender este cuento? ¿Por qué tratáis a la gente como si fuesen menores de edad? ¿Por qué poner un título que ni por asomo se cumplirá mientras Madrid sea una megalópolis?

Ni siquiera si mañana mismo se cumplieran las 14 medidas adjuntas significaría nada. Seguiríamos teniendo el alto consumo de recursos (con su contaminación asociada) para posibilitar todo nuestro desproporcionado, derrochador e inevitable (por no saber hacer nada por nosotros mismos) consumo (quizás en los días de masivo consumismo frenético nos dejarían, al menos, andar sin coches para poder consumir sin parar, como ya han hecho estas navidades) seguiríamos con la polución cuesta abajo y cada año a peor, necesaria para el mantenimiento del sistema económico actual, seguiríamos agotando el agua de la península Ibérica mediante la agricultura generalizada, seguiríamos sin plantar un mísero árbol acabando con, por ejemplo, los monocultivos solares de producción de energía “renovable”, seguiríamos consumiendo más y más drogas (ilegales y muchas más legales) a causa del modo de vida urbano y moderno, pasando luego a contaminar ríos y acuíferos, y un largo, largo etcétera.

 Después de leer esta propuesta maravilla, nos encontramos con la siguiente, Billete único para el transporte público. Aquí estamos ante la misma tesitura. ¿Acaso alguien, de la gente que se cree la tontería de la participación ciudadana y que ha votado o votará, votará que no? Como se indica, Madrid es la única capital europea que no tiene esta modalidad en el transporte público, por lo que lo único que se busca es equipararnos a Europa, lo que habrían hecho más pronto que tarde, con urnas o sin ellas. Imaginémonos que la señora Cristina Cifuentes hubiese hecho todo un circo igual para aprobar el abono de transporte joven por veinte euros mensuales, que hace poco cumplió un año. ¿Alguien habría votado que no? ¿Incrementaría la dosis democrática a la dictadura que sufrimos, en la que la gente común no tiene nada que hacer ni que decir, y ahora además tiene que soportar que se la engañe todavía más?

Después de estos breves comentarios (sin entrar en los dos proyectos de reforma de la Plaza de España, diseñados por expertos y lanzados a la plebe para que se contente con falsas migajas participativas) es necesario entender mínimamente ante lo que estamos.

En primer lugar, es inadmisible el bombardeo al que estamos siendo sometidos estas semanas. Se trata de una operación de manipulación social (como tantas otras) donde se engaña a la gente haciéndola creer que tiene algo que decidir, impidiendo que se plantee de manera real la participación política popular, incompatible y enfrentada siempre al Ayuntamiento y demás estamentos estatales. Lo que en realidad se busca es bien visible.

Por un lado, los llamados a perfeccionar la dictadura parlamentaria (Podemos y sus congéneres) vuelven a dar una vuelta de tuerca más, creando todo un espectáculo para ordenarnos a votar (sabiendo que la abstención consciente está creciendo, y lo seguirá haciendo) y justificar el mito de que este nuevo Ayuntamiento va a ser más participativo, donde la gente va a decidir (en casi dos años esta es la primera ficción de consulta “popular”), consiguiendo que se acerque más a las instituciones, e impidiendo que salga a la palestra lo obvio: la gente común, de la mano de las instituciones, no tiene nada que decir en el devenir de su ciudad ni lo tendrá, ya que todo está bien reglamentado para seguir el cauce establecido, desde órganos superiores hasta el mismo Ayuntamiento. Únicamente podrá plantear cosas serias y propias, por tanto, ejerciendo la voluntad popular, en este tema y en todos, organizándose al margen, esforzándose por comprender la situación sin expertos bien pagados, para posteriormente plantearse cambios reales, por tanto, estructurales.

Por otro, se va modelando la idea de la “ciudad sostenible”, falsa publicidad institucional para calmar las conciencias inquietas, impidiendo que se cuestione la ciudad (sólo en el ámbito ecológico) de raíz, para admitir la realidad sin adornos, que la ciudad es causa principal de la insostenibilidad, por lo que una cosa y la contraria no pueden coexistir. Por tanto, estamos ante los enemigos políticos fundamentales en este tema, que como en todo lo importante, están unidos en su cometido (vender la idea de “ciudad sostenible”) con el resto de la casta partitocrática. Es tan insultante, que siguiendo sus consejos, para resolver el grave y complejo problema medioambiental actual, es suficiente con que levantemos el culo del sofá (o ni tan siquiera, ya que se puede hacer por internet), y votemos, para que la capital del Estado español se convierta en sostenible.

Quienes defendemos la participación total y directa de las gentes del común en la gestión de sus vidas, y quienes lo gritamos en las plazas, a veces al lado de gente que ahora es enemiga de esta idea y cobra por ello, no podemos quedarnos callados. Únicamente mediante asambleas que decidan por sí mismas, en Madrid, y en todos los municipios de la Península, podría darse la participación popular. Que esto hoy no sea hacedero, no significa que no sea así. Pensando en qué factores hacen que esto no sea posible (por ejemplo el trabajo asalariado y la Universidad, que roban hoy la mayor parte del tiempo al ciudadano medio, o la macro-concentración de la población en las ciudades) avanzaríamos algo más y sobre todo, plantearíamos la cuestión de una manera más seria, y real, lo que buscan impedir precisamente con campañas de mercadotecnia política como esta.

 

Javier de Miguel

Madrid, 16 de febrero de 2017

amyrevxxi@autistici.org

PD:  Puedes descargar el PDF de este texto a través de este enlace.

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