¿Quién no conoce a alguien de su entorno que esté medicado o tratado psiquiátricamente? Por diferentes motivos, todos tenemos algún conocido o allegado, oscilando entre diferentes edades: niños hiperactivos u ancianos con alguna dolencia mental. Como vemos el intervalo es amplio y en él tiene cabida la variedad generacional. En el medio, una masa de gente también tratada. Una sociedad- manicomio, definitiva. Un dato curioso y muy representativo: en México de cada cuatro personas, una padece una enfermedad psiquiátrica, ¿será esta una enfermedad del futuro? Por lo visto sí. Lo que se llamaba antes enfermedades del alma y el espíritu, la melancolía, la furia…

       Este sistema produce enfermos que a su vez tienen que ser tratados con lo cual nos encontramos con la pescadilla que se muerde la cola, los laboratorios hacen su agosto, los innumerables centros de tratamiento. Cuáles son los desencadenantes, la soledad, muchas veces, acompañada, pero presente, los grados de exigencia, la falta de tiempo para meditar, la pobreza que nos lleva a ser seres marginales, traumatizados, rotos y con fracturas de todo tipo. Qué intentamos para cubrir este agujero, estas situaciones jorobadas, pues depende: compras compulsivas que les proporcionan una pseudofelicidad, el alcohol, las drogas, el sexo desaforado, todo momentáneo y fugaz. La degradación del individuo, el retroceso, la alienación factores que lo distorsionan todo. En el otro platillo de la balanza, drogas legales y el tratamiento químico incluso métodos como el electro shock. Buscar una salida a este envenenamiento masivo y encontrar respuestas y alternativas a esto tiene que ser un objetivo prioritario para las nuevas generaciones. Escuchar al paciente, humanizar el asunto y drogarlo menos. Hay que reconocer que se ha avanzado en el trato. Ya no se nos oculta y pasito a paso, se van teniendo más herramientas en el tratamiento de la enfermedad mental, pero esto no es suficiente hay que tratar de menguar la estigmatización, pavorosa lacra de esta sociedad.

 

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BIBLIOGRAFÍA

Los inventores de enfermedades. Jörg Blech.