Nota: El texto que tienes a continuación fue la primera versión que se realizó de la introducción para la convocatoria de la reflexión: “Mercantilización del ocio y formas de ocio alternativas”. Esta versión se descartó por ser demasiado extensa, poniendo en su lugar la que ahora podemos ver en la entrada de la convocatoria.


La actividad de ocio (la otra cara del “negocio”: neg-ocio = “negar el ocio”) no es una pérdida de tiempo, sino una íntima necesidad de nuestro portentoso cerebro para no anquilosarse por una excesiva inactividad por descanso, y para desarrollar todas las capacidades posibles. El aburrimiento ES un sufrimiento para cualquier niñ@. La actividad de ocio es indispensable para nuestro equilibrio mental, y hasta los judíos en el campo de concentración, bordeando la inanición, pagaban con una parte de su exigua ración de comida diaria única por una interpretación de canto de ópera de otros compañeros presos. Hasta ese punto.

Desde nuestros abuelos (preindustriales) hacia atrás hasta la Noche de los Tiempos, en todas las culturas y rincones del vasto mundo, nuestro instinto, lo innato, nuestros genes, nos han empujado a ocupar el tiempo en que no debíamos buscar comida y cobijo, en buscar la compañía de otras personas con las que sentirnos bien (comunicar, socializar), fabricar nuestros propios juguetes o los de nuestros hijos (manualidades), crear juegos (inventiva, iniciativa, autonomía), elaborar y probar sus reglamentos (negociación), competir (conocernos, superarnos, probarnos, respetarnos), jugar con nuestros cuerpos (deporte y salud, explorarnos, sentirnos vivos), imitar y probar lo que hacen los adultos (explorar el mundo, aprender, satisfacer la curiosidad). Para nuestr@s abuel@s, las muñecas eran gatitos “vestidos” un poco a la fuerza, los peluches, de trapo atado o patatas con palitos por patas, las fichas eran guijarros, y la imaginación propia suplía el resto. Sus infancias eran felices, dicen. Cierto que no todos, como los talibán, que ejecutaban directamente sin juicio en la calle a los niños a los que sorprendían jugando, pues eso distraía de Alá.

Desde la llegada de la industrialización en el s.XIX, la especialización (división social, e internacional, del trabajo) se ha extremado. Cada cual hace tan solo una única cosa, pero la hace fantásticamente bien, con eficiencia, y con una productividad inigualada. Somos máquinas vivas de crear riqueza, material y en servicios. Y el resultado de nuestra actividad (productos o servicios) la intercambiamos con la de los demás mediante el mercado y el instrumento “moneda”. Con la superespecialización, el precio que pagamos por nuestra gran riqueza (alto nivel de vida) es la alienación (degradación de nuestra calidad de vida).

¿Te has fijado en qué gastamos hoy nuestro tiempo de ocio? ¿Imaginas qué virtudes y capacidades desarrollan los nuevos ocios? (Antes eran: socializar, manualidades, inventiva…) ¿Cuántas y qué empresas están detrás de muchos de esos productos y servicios? ¿Qué nos aportan los nuevos ocios que nuestros antepasados hubieran suplicado por tener ellos también? ¿En qué nos mejoran y empeoran?

Paralelamente a este cambio cultural, con la llegada de la imprenta para las masas y ahora Internet, que permiten compartir el conocimiento a escala de toda la humanidad, nunca habíamos tenido a nuestra disposición tantas ideas para el ocio. Hay libros enteros de reglas de juegos para los simples papel y lápiz o para exteriores con pelota y una tiza. Juegos mudos, de observación, de equilibrio, de habilidad, de ingenio, de lógica, de paciencia, de reflexión, de diccionario… Internet desborda de manuales para hacer todo lo imaginable, aprender, construir, explorar… ¿Adónde han ido esas posibilidades?

Juegos que seguramente no conozcas: la conexión, 5 en raya, canicofobia, la caja negra, spiriball, MicroGuerra 3D, combate pajitoscópico con cinturón de explosivos, concurso de torres de espaguetti, concurso de MiniMonigotillos, hacer marionetas y representar obras de títeres (antes de que fuera declarado actividad enaltecedora del terrorismo), concursos de aviones de papel (en al menos 3 categorías), juegos de adivinanzas varios, extreme ironing, …

Si simplemente te gusta “tirar cosas”, puedes dedicarte al tiro con: arco, honda, pistolas de gomas, tirachinas, boomerang, frisbee, lanzamiento de martillo, de aviones de papel, de jabalina, de globos de agua, de sillas, de dardos, encanastar todo lo imaginable (imagina, imagina…) …

¿Ves esas ideas materializadas en la calle, utilizadas por la gente a tu alrededor? ¿Por qué muchas personas buscan su ocio en la TV, los videojuegos, el fútbol, salir con gente a lugares donde no puedes hablar con nadie, donde si no pagas no entras (“no money, no friends”; o bien “no money, no fun”), en ingerir sustancias que anestesian la consciencia o dan placer artificial…? ¿Sabes qué cantidad de deportes existen hoy, tanto gratis como de pago? ¿Cómo sabes que bastantes de ellos no te iban a apasionar? ¿Es todo esto “normal”? ¿Es lo que queremos? ¿Cómo hemos llegado aquí? ¿He elegido YO mi propio ocio? ¿Cómo empezaste en tus hábitos actuales de ocio? ¿A qué dedicaban su ocio nuestros antepasados de hace siglos?

Y por supuesto, la actividad de ocio más universal: disfrutar, con cualquier pretexto, de la compañía ¿cara a cara? de las personas a las que quieres, y conocer a nuevas personas a las que poder querer…

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