“Algo acertamos a ver, y es que el arma más poderosa para la lucha por la vida no es la voluntad (…) sino (…) el pensamiento, ya que sin un claro y definido pensamiento, el torrente impetuoso de la voluntad es algo así como una roca que cae por la montaña sin fuerza que la dirija y oriente su mole arrolladora hacia un fin determinado”.

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